Casos de Estudio 007:

Batalla del Golfo de Leyte

Cabo Engaño, una reflexión

El 25 de Octubre de 1944 fue el último día de la antaño gloriosa Fuerza de portaaviones de la Teikoku Kaigun, comandada por el último samurai aeronaval: el Vicealmirante Jisaburo Ozawa. Este lobo de mar bien capacitado para el mando de una agrupación de portaaviones y creyente en el poder aeronaval de una flota moderna, sólo cosechó derrotas al frente de esta agrupación. Por el contrario su antecesor en el cargo, el Vicealmirante Chuichi Nagumo, un marino sin imaginación al frente de una fuerza tan letal como una agrupación de portaaviones obtuvo los mejores resultados de estas unidades para el Japón.


Vicealmirante Jisaburo Ozawa

La fuerza de Ozawa en la operación “SHO-GO” tenía la misión de arrastrar lejos de las Filipinas a los letales portaaviones de Halsey. A sabiendas de que su fuerza podría ser barrida del mar por el temible golpe de los portaaviones estadounidenses, Ozawa fue a su encuentro con el espíritu templado. Creo que es necesario remarcar que ningún almirante japonés abrigaba la más mínima esperanza de que saldría algo bueno de todo eso, pero aunque por esperado, el resultado final no por ello dejó de sorprender a más de uno.

Quizás uno de ellos fue precisamente el propio Ozawa. Sabedor de que la fuerza de acorazados de Kurita estaba falta de la protección de algún portaaviones y que por lo tanto era presa fácil de la 3ª Flota de Halsey, el hecho de que pudiese tener a tiro aunque fuesen a los portaaviones de escolta del Taffy 3 debió sorprender a todos cuantos supieron de esta noticia.

Un portaaviones es un buque cuya fuerza de ataque la constituyen sus propios aparatos. En un momento de grave escasez de estos y de quienes pudieran operarlos, la fuerza de Ozawa contaba con algunos aviones de los 601º y 653º Kokutai de donde se suplía de aviones y pilotos. El día anterior durante la parte del plan que le correspondía, envió a casi todos ellos a atacar a los portaaviones de Halsey, cuyo resultado estuvo a la altura de las expectativas: otro fiasco más para añadir a la larga lista de los fracasos que se acumulaban desde Midway.

La fuerza destinada al sacrificio de Ozawa contaba así pues con una paupérrima fuerza de aparatos, que mejor habrían sido usados en tierra dando protección a los acorazados de Kurita, que desperdiciándolos a bordo de unos buques que no se esperaba que regresaran a Japón. Por ejemplo, el recientemente entregado portaaviones Unryu no fue enviado a las órdenes de Ozawa porque no tenía aparatos, una excusa pobre después de todo, si los buques que iban a participar no regresarían nunca y no se esperaba que dañaran a ningún buque estadounidense, pero si por el contrario se reservó al Unryu esperando que la fuerza de portaaviones sería reconstituida en breve: ¿por qué enviar al sacrificio al resto de portaaviones?, nunca se sabrá. El Amagi recién entregado también, nunca abandonó aguas japonesas, navegando entre Gunchu, Hashirajima y Kure; malgastando el preciado y escaso petróleo disponible en Japón, pero abundante en el lejano sur. El Katsuragi que el día 15 de octubre fue entregado a la Teikoku Kaigun nunca salió más allá del Mar Interior. El Junyo sin grupo aéreo a bordo después del descalabro sufrido en el Mar de Filipinas, mataba el tiempo navegando en círculos entre Kure e Iwakuni y vuelta a empezar. El Ryuho hacía otro tanto de lo mismo pero entre Hashirajima y Kure puesto que no había aviones para ser embarcados en él. El vetusto Hosho asignado a tareas de entrenamiento de pilotos desde poco después del desastre de Midway, había entrado en dique después de la batalla del Mar de Filipinas para alargarle la cubierta de vuelo, por si fuera necesario enviarlo de nuevo a primera línea. Pero después del sacrificio de Cabo Engaño continuó sus operaciones de entrenamiento.

Así pues vemos que a Ozawa le dieron el mando de una fuerza aeronaval con su capacidad de combate enormemente mermada, destinada al sacrificio y sin ninguna esperanza real de victoria. Junto a Kurita fueron los únicos almirantes al mando de agrupaciones de combate que cumplieron con éxito su misión en esa operación. Bueno a decir verdad Kurita solo cumplió el 50% de su misión y perdió otro tanto de su fuerza de combate en su empeño. Claro que para que Ozawa cumpliera con su papel enfrente tenía que tener a alguien que también cumpliera con su papel designado en la función y este no era otro que el “toro” Halsey, ¿es posible que nunca alguien haya tenido un apodo tan acertado?, se le agita un trapo rojo delante (los portaaviones de Ozawa) y sale embistiendo con la testuz por delante ignorando todo lo que le rodea, con la mirada fijada únicamente en el trapo.

Posiblemente los almirantes estadounidenses designados al mando de las 2 últimas grandes batallas aeronavales de la guerra del Pacífico no fueron los más acertados. Halsey en el Mar de Filipinas en junio de 1944 es probable que hubiera sido el más idóneo. Por el contrario en octubre de 1944 en las Filipinas un Spruance hubiera sido el más necesario.

Así que después de todo, los portaaviones japoneses cumplieron fielmente a la perfección el papel que se les tenía asignados, hundirse gallardamente haciendo frente a los aviones estadounidenses. Fue una pena que para ello se llevaran consigo también a su tumba marina a una buena parte de su dotación. Por el contrario y como una ironía del destino los acorazados que acompañaban a la fuerza de Ozawa, que tenían menos probabilidades de sobrevivir, regresaron al Japón sin ningún rasguño la causa probable fue que los pilotos estadounidenses estaban más ansiosos de hundir a los portaaviones que llevarse por delante a unos inútiles acorazados con una cubierta de vuelo en su popa de la cual no despegó nunca un avion.

Golfo de Leyte, como ha pasado a la posteridad los combates librados entre el 24 y el 25 de octubre de 1944, fue una rocambolesca serie de enfrentamientos con un final previsible aderezado con los ingredientes necesarios para recrear una clásica tragicomedia. Desagradables sorpresas por ambos bandos y una pizca de infortunio, el justo toque de heroicidad que aportó el destructor Hatsuzuki en su enfrentamiento contra la desigual fuerza de Du Bose, la alegre inconsciencia de una carga de la muerte de Nishimura, el “tirón” de orejas del jefe al subordinado despistado cuyos papeles les fueron encomendados a Nimitz y Halsey respectivamente y en medio de todo esto el “bufón” de la obra: Ozawa y su fuerza de diversión.

José Miguel Fernández Gil
"Alm. Yamamoto"
alm_yamamoto@hotmail.com

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