Casos de Estudio 003:

Estudio de factibilidad de la
Operación "Seelöwe"

La opinión alemana: la fanfarronada

Operación "Seelöwe" Mapa del plan de invasión final (Se abre en una ventana independiente para tenerlo a la vista mientras se lee el artículo)

K.J. Macksey en su libro Errores militares de la Segunda Guerra Mundial diferencia claramente los puntos de vista de los altos mandos alemanes de acuerdo con el Arma al que corresponden; así, habría uno para el Heer, uno para la Kriegsmarine y uno para la Luftwaffe.

No obstante, y desmarcándose de esas posturas “corporativas” tres altos mando abogaron fervientemente por una acción inmediata. Tanto Kesselring como Student defendían un desembarco aerotransportado que tal vez hubiera podido dar frutos positivos si se hubiera llevado a cabo en junio. Sir Bassill Liddell Hart en su libro Al otro lado de la colina (ver Nota 1) asegura que, tras Dunquerque, unas pocas divisiones hubieran batido a las inglesas (lo mismo dicen Fleming (ver Nota 2)y Macksey), puesto que su reorganización y reequipamiento se llevaron a cabo muy lentamente. Huelga decir que la moral británica, en ese momento, era muy baja y un sector del establishment político era favorable a una paz negociada.

 

FALLSCHIRMJÄGGER

En junio de 1940 las unidades aerotransportadas habían sufrido considerables bajas durante la operación Amarilla (la guerra en el Oeste), entre ellas Student que había recibido una grave herida en la cabeza en Rotterdam (y por lo cual, para Seelöwe lo hubiera sustituido su segundo Putzier).

El XI CE aerotransportado se componía de unos 25.000 hombres (7ª Flieger division y 22 div. Aerotransportable) de los cuales 6 ó 7000 eran paracaidistas.

Los planeadores usados transportarían 8 hombres más el piloto. Hay que añadir que había una grave escasez de paracaídas.

En cuanto a material disponible en 1940 comentar que el 11 de junio había disponibles 400 Ju-52 (20 hombres) y 110 planeadores. Las cifras aumentaron a 1000 Ju-52 y 150 planeadores (sólo el 75 % estaba en condiciones de vuelo) el 16 de junio.

A finales de agosto, Hitler, destina 270 aviones y 1 Rgto aerotransportado a una posible intervención en Rumania. No se reasignaron a Seelöwe hasta unos días antes de su anulación.

En suma, el desembarco del XI CE aerotransportado (la 7ª Fliegerdivision y la 22 Div. Aerotransportable) hubieran mantenido una presión constante sobre un enemigo derrotado.

Bien es verdad, como dice Von Rundstedt (ver Nota 3) que el abastecimiento aéreo no estaba organizado, pero tampoco lo estaban los puentes aéreos y en 1936 se llevó a cabo el primero entre Marruecos y la Península Ibérica.


Vista lateral del Mauser Kar 98 con culata de bisagra usada por los fallschirmjägger.

El mayor problema, no obstante, hubiera podido ser la falta de armamento pesado entre las unidades aerotransportadas.

Otro oficial alemán que defendió la improvisación para de proseguir la persecución de los ingleses fue Manstein. El no llevarla a efecto le produjo un hondo malestar.

“Corporativamente” las opiniones irían desde el deseo de que Goering fracasara en su ofensiva aérea (recordemos que el 11 de julio se supeditó Seelöwe a la consecución de la superioridad aérea) para evitar una operación desesperada por parte de la Kriegsmarine, pasando por un cúmulo de baladronadas por parte de Goering, hasta un optimismo inconsciente del Heer.

Esta última postura, lo mismo que la de la Kriegsmarine, merecen ser matizadas.

El Heer pareció plantearse toda la operación como un paso de río algo más complejo, ignorante de las dificultades que ello entrañaría.

La Kriegsmarine había sufrido elevadas pérdidas en la aventura noruega y, en junio de 1940 disponían de muy pocas unidades (sólo les quedaba un crucero pesado y dos ligeros). Seelöwe podía llevar aparejada la desaparición de éstas.

Por su parte, la Luftwaffe, de un modo poco realista, intentó abarcar todos los objetivos de una sola vez, sin una planificación pormenorizada. Para colmo de males, mostró sus mejores cartas antes de llevar a cabo su ofensiva:

Hasta el 12 de agosto se realizaron incursiones pequeñas sin un objetivo definido con el fin de experimentar un nuevo sistema de ayuda para la navegación, el Knickbein y que funcionaba por la confluencia sobre el objetivo de ondas de radio que guiaban a los bombarderos.

Esto trajo dos consecuencias inmediatas.

Por un lado habituó a los británicos a los ataques aéreos, por lo que, cuando se buscó el terror mediante los bombardeos a las poblaciones, no se pudo conseguir.

Por otro, permitió al ala 80 de la RAF neutralizar el sistema de navegación interfiriendo las ondas. Así, el Knickbein estaba obsoleto para Seelöwe.

Al margen de lo expuesto hasta ahora, parece que, a excepción de la Luftwaffe, ningún estamento de la Wehrmacht, y menos que nadie Hitler, tomó en serio la posibilidad de invadir Gran Bretaña. Incluso se sospecha que las exageraciones sobre el aumento de las defensas británicas parecían ser deliberadas.

No es de extrañar pues que Blumentritt diga que, entre los estados mayores, se refirieran a Seelöwe como FANFARRONADA. (ver Nota 4)

Por último me permito citar textualmente unos párrafos del libro La guerra que había que ganar, que resume con precisión lo que considero era el sentimiento subyacente en las altas esferas alemanas tras la hecatombe francesa en junio de 1940:

Los alemanes se equivocaron por completo al juzgar la resolución británica y creyeron que la guerra prácticamente había terminado. Tal como sugirió a finales de junio Alfred Jodl, el jefe de operaciones del OKW: “La victoria final de Alemania sobre Inglaterra es sólo cuestión de tiempo”. Deleitándose en una sensación de vanagloria y autoadulación, Hitler se fue de vacaciones. Durante su visita a París, sus giras por los campos de batalla de la primera guerra mundial y sus meriendas campestres a orillas del Rin, la guerra era lo último que ocupaba el pensamiento del Führer. La estructura del alto mando alemán era tal que cuando la atención de Hitler se desviaba hacia otros asuntos, no había nadie que tuviera el empuje o la visión necesarios para tomar las riendas. Por consiguiente, los alemanes pasaron el resto de junio y gran parte de julio esperando que los ingleses hicieran propuestas de paz.

Durante aquellos días los alemanes apenas trazaron planes militares. En un memorándum fechado el 30 de junio Jodl sugería dos posibilidades estratégicas: a) un ataque directo contra la patria inglesa; b) una extensión de la guerra a zonas periféricas tales como el Mediterráneo. La primera posibilidad ofrecía tres opciones: 1) una ofensiva aérea y naval contra las rutas comerciales británicas; 2) ataques aéreos contra los centros de población británicos para sembrar el terror, y 3) una operación anfibia contra las Islas Británicas. Jodl creía que con una campaña aérea contra las líneas de abastecimiento de las Islas Británicas y contra la población la Luftwaffe lograría quebrantar la moral británica. Finalmente, señaló que la estrategia alemana requería un desembarco en la costa británica sólo como “golpe mortal”.(Todessdtoss).

La mezcla de posibilidades que propuso Jodl era un síntoma de la incapacidad de los alemanes para entender problemas estratégicos complejos más allá de la Europa central. Andando el tiempo, Raeder presentaría una estrategia mediterránea, pero eso no sería hasta 1941 y cabe sospechar que su propuesta tenía más que ver con la rivalidad entre las distintas armas de las fuerzas armadas que con alguna concepción estratégica. Irónicamente, Francisco Franco, el dictador español, expresó de forma clara en aquellos días su gran deseo de unirse al Eje tan rápidamente como fuera posible. Las bases españolas en las Canarias y la toma de Gibraltar hubieran mejorado mucho la posición del Reich en un momento en que poco hubieran podido hacer los ingleses para responder a ella. Pero, convencidos de que la guerra había terminado y con escasos deseos de repartirse el botín con Franco además de Mussolini, los alemanes siguieron mostrándose indiferentes.

Un desembarco anfibio en las Islas Británicas nunca fue una opción sería. Pocos militares de alta graduación tenían idea de las complejidades de semejante operación.

Murray, Williamson y Millet, Allan R.

La Guerra que había que ganar.

Editorial Crítica SL. Madrid 2002.

Páginas 105 y 106


Notas:

1) Lidell Hart, B.H.; “Al otro lado de la colina”. Ed. Ejército, Madrid 1983. Pag. 173.

2) Fleming, Peter; “Operación León Marino. Hitler y la invasión de Inglaterra”. Ed. Juventud, Barna 1960.

3) Lidell Hart. Op.cit. pag. 175.

4) Lidell Hart. op. cit. Pag 179.

Bibliografía:

Fleming, Peter; Operación León Marino. Hitler y la invasión de Inglaterra. Editorial Juventud, Barcelona 1960.

Murray, Williamson y Millet, Allan R.; La guerra que había que ganar. Editorial Crítica, Barcelona 2002. El último párrafo se inserta en las páginas 105 y 106.

Lidell Hart, B.H.; El otro lado de la colina. Ediciones ejército, Madrid 1983.

José Ignacio Pasamar López
JOSE_I_PASAMAR@usuarios.plcendesa.com

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